Declaración Doctrinal

Teología para Mujeres existe con el propósito de glorificar a Dios mediante la enseñanza fiel de Su Palabra, exaltando a Jesucristo como el centro de toda la Escritura y llamando a las mujeres a conocer, amar, obedecer y proclamar el evangelio para la gloria de Dios.

Afirmamos que toda doctrina, práctica y ministerio deben ser examinados únicamente a la luz de las Sagradas Escrituras.


I. La autoridad, inspiración y suficiencia de las Escrituras


Creemos que los sesenta y seis libros del Antiguo y Nuevo Testamento constituyen la Palabra inspirada por Dios, escrita por autores humanos guiados por el Espíritu Santo.

Las Escrituras son inerrantes, infalibles, suficientes y la autoridad suprema para la fe y la conducta cristiana. Nada puede añadirse a ellas ni colocarse por encima de ellas. Toda tradición, experiencia, revelación o enseñanza debe someterse al examen de la Biblia.

Creemos que la Escritura interpreta la Escritura y que una correcta interpretación requiere respetar el contexto histórico, gramatical y literario del texto.


II. La Trinidad


Creemos en un solo Dios verdadero, eterno, santo, perfecto, soberano, inmutable, omnipotente, omnisciente y omnipresente.

Dios existe eternamente en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo, iguales en divinidad, gloria y atributos, pero distintas en sus personas y funciones.

Todo existe por Él, para Él y para Su gloria.


III. Jesucristo


Creemos que Jesucristo es el Hijo eterno de Dios.

Se encarnó, nació de la virgen María, vivió una vida completamente santa, obedeció perfectamente la Ley, murió en la cruz como sacrificio sustitutorio por los pecadores, resucitó corporalmente al tercer día, ascendió al cielo y hoy intercede por Su pueblo.

Jesucristo es el único Salvador, el único Mediador entre Dios y los hombres y el único camino al Padre.

Toda la Escritura apunta hacia Él, y toda verdadera enseñanza debe conducirnos a conocerlo, adorarlo y obedecerlo.


IV. El Espíritu Santo


Creemos que el Espíritu Santo es Dios.

Él convence de pecado, regenera al creyente, mora permanentemente en él, lo santifica, lo guía a toda verdad conforme a las Escrituras y lo capacita para servir.

Nunca conduce a prácticas o enseñanzas contrarias a la Palabra de Dios.


V. El hombre y el pecado


Creemos que Dios creó al hombre y a la mujer a Su imagen.

A causa de la caída de Adán, toda la humanidad nació pecadora, separada de Dios e incapaz de salvarse por sus propios méritos.

Todo ser humano necesita arrepentirse y creer en el evangelio.


VI. La salvación


Creemos que la salvación es completamente por la gracia de Dios mediante la fe en Jesucristo.

La justificación es un acto de Dios mediante el cual declara justo al pecador que cree en Cristo, únicamente sobre la base de la obra perfecta de Jesús.

La verdadera conversión produce arrepentimiento, una vida transformada y perseverancia en la obediencia.

Las buenas obras no salvan, sino que son el fruto de una fe genuina.


VII. La Iglesia


Creemos que la Iglesia universal está formada por todos los creyentes nacidos de nuevo.

La iglesia local es el medio establecido por Dios para la adoración, la predicación de la Palabra, el discipulado, la comunión, la disciplina bíblica y la proclamación del evangelio.

Cristo es la única Cabeza de la Iglesia.


VIII. Las ordenanzas


Creemos que el Señor dejó dos ordenanzas para Su Iglesia:

- El bautismo de creyentes por inmersión.

- La Cena del Señor como memorial de Su muerte.

Ninguna de estas ordenanzas otorga salvación.


IX. El discipulado


Creemos que todo creyente ha sido llamado a crecer en la gracia y el conocimiento de Cristo.

El discipulado consiste en enseñar toda la Palabra de Dios, formando creyentes maduros que vivan para la gloria de Dios y hagan discípulos de otros.


X. La mujer según el diseño de Dios


Creemos que hombres y mujeres poseen igual dignidad, valor y son igualmente portadores de la imagen de Dios.

Asimismo, afirmamos que Dios estableció funciones distintas y complementarias para ambos desde la creación.

Creemos que la feminidad bíblica florece cuando la mujer vive conforme al diseño revelado por Dios en las Escrituras, creciendo en santidad, sabiduría, servicio, modestia, amor y fidelidad.

Animamos a las mujeres a estudiar profundamente la Palabra, discernir toda enseñanza a la luz de la Biblia y vivir como discípulas maduras de Cristo.


XI. El matrimonio y la familia


Creemos que el matrimonio fue instituido por Dios como un pacto exclusivo entre un hombre y una mujer.

El esposo debe amar sacrificialmente a su esposa como Cristo amó a la Iglesia.

La esposa responde con respeto y sujeción voluntaria conforme al diseño bíblico.

Los hijos son una herencia del Señor y deben ser criados en la disciplina e instrucción del Señor.


XII. La santidad


Creemos que Dios llama a Su pueblo a vivir apartado del pecado.

La santificación es una obra continua del Espíritu Santo mediante la obediencia a las Escrituras.

Toda área de la vida debe ser sometida al señorío de Cristo.


XIII. La misión


Creemos que la Iglesia ha recibido el mandato de hacer discípulos de todas las naciones.

Todo creyente debe proclamar fielmente el evangelio y defender la verdad con amor, humildad y firmeza.


XIV. Los últimos tiempos


Creemos en el arrebatamiento pretribulacional de la iglesia y en el regreso personal, visible y glorioso de Jesucristo.

Creemos en la resurrección corporal, el juicio final, la vida eterna para los redimidos y el castigo eterno para quienes rechazaron a Cristo.

 

XV. Nuestra convicción ministerial


Nos comprometemos a enseñar las Escrituras mediante una interpretación fiel de su contexto histórico, gramatical y literario.

Nuestro deseo no es seguir tradiciones humanas, movimientos culturales ni filosofías pasajeras, sino exaltar a Cristo y edificar a las mujeres con la verdad de Dios.

Anhelamos formar mujeres que amen profundamente las Escrituras, vivan en santidad, sirvan fielmente en su iglesia local, discipulen a otras mujeres y reflejen el carácter de Cristo en cada esfera de su vida.


Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén. Romanos 11:36